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Welcome to London!

Esas fueron las últimas palabras que se escucharon en la ceremonia de inauguración de los Juegos que se celebró en el Estadio Olímpico de Stratford. Fue Paul McCartney el encargado de despedir con esa frase a los asistentes a la ceremonia y los millones de televidentes que asistían desde todo el planeta al gran espectáculo diseñado por el director Danny Boyle.

El ritmo de la ceremonia fue de menos a más. La campiña británica fue el telón de fondo en el que se organizó una retrospectiva sobre las distintas fases que han pasado las Islas Británicas a lo largo de su historia. El actor Kenneth Branagh leyó un pasaje de La Tempestad de William Shakespeare y este fue el inicio del homenaje las tradiciones artísticas británicas, con especial atención al cine, la música y la literatura.

La Revolución Industrial, el sufragio femenino, las guerras mundiales… Hubo referencia a los momentos más importantes de la historia reciente de Gran Bretaña. También hubo un lugar preponderante de los niños. Uno de los instantes más  impactantes visualmente fue en el que miles de camas luminosas cubrieron el estadio.

Después llegó el momento del humor con Daniel Craig, enfundando el traje de James Bond y acudiendo al Palacio de Buckingham  a buscar a la Reina Isabel II para conducirla al estadio en helicóptero. Por supuesto, fue una secuencia filmada, pero sorprendente. Fue una ceremonia muy larga para Su Majestad. Tanto, que a la salida del equipo olímpico de Gran Bretaña al estadio, la Reina miraba con indiferencia el estado de sus uñas.

Más tarde llegó el momento musical con un gran homenaje a la cultura pop y rock de las islas británicas. Danny Boyle, gran aficionado a la música, no perdió oportunidad de hacer sonar a varios de los grupos más importantes del siglo XX: The Beatles, Rolling Stones, The Who, Queen… Pero también hubo espacio para The Prodigy, New Order, Blur o Muse. Incluso sonaron Sex Pistols, delante de la mismísima Reina de Inglaterra… Quién se lo iba a decir a Sid Vicious y compañía…

Mientras las imágenes de la pantalla central nos hacían un recorrido por varias escenas de películas míticas. Boyle también tuvo tiempo de homenajearse a sí mismo con algunos segundos de su película Trainspotting… Tal vez no fue la mejor idea. También pasó por allí Mister Bean. Algunos echaron de menos a Monty Python, genios absolutos del humor británico, pero llevan mucho tiempo sin reunirse…

Luego llegó desfile. Bastante rápido gracias al uso de tambores para estimular a los deportistas. Solo un par de países remolonearon demasiado. Uno de ellos fue España. Pau Gasol ejerció de abanderado con un buen porte. Mientras tanto, más atrás, el waterpolista Iván Pérez, armado de una peluca rosa, ponía la nota de color. Esperemos que se le baje la excitación el día que debute su selección.

Finalizó el desfile y Beckham llevó la antorcha en una lancha através del Támesis para que Steve Redgrave, ganador de cinco oros, la pasease por la inmediaciones del Estadio. Siete jóvenes fueron los últimos relevistas. Ellos se encargaron de encender el pebetero formado por 204 pequeñas piezas que simbolizan el número de delegaciones olímpicas. Elegante solución para el siempre complejo momento final.

Y, por último, Hey Jude con Sir Paul al piano. Tras el atracón de música, color y fuegos artificiales llega el momento de la verdad. Llega la competición.

Escrito por David Rubio el 28 Julio, 2012 | ningún comentario
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